Más sobre la memoria y el olvido

 
 
 

por Edmundo Moure (Chile)

 

4 septiembre, 2019 

 

“Recuerda, antes de que sea demasiado tarde”

(Consejo chino)

 

Septiembre 3, 2019 – 80 Años del Winnipeg

 

Según hábito adquirido desde hace cincuenta y ocho años, salgo de mi casa a las siete de la mañana, para dirigirme al trabajo. Metro atestado de afanosos pasajeros; luego, preparar el asalto a microbuses del Transantiago, en calle Irarrázaval, más escasos que una sonrisa temprana. Decenas, centenares de personas en los paraderos, rostros cetrinos, con rasgos de fatalismo ancestral, resignados a largas esperas cotidianas, de ida y de vuelta… El nuestro es el pueblo de la infinita paciencia, combinada con la frágil memoria.

 

Haciendo caso omiso a reiteradas recomendaciones de sabios compatriotas y diligentes amigos que prescriben la receta adormecedora del olvido, recuerdo, ejercito la compulsión recurrente de la memoria. Comencé a viajar en micro allá por marzo de 1963 –cincuenta años ha- desde el paradero 27 de Gran Avenida hasta el centro de nuestra gris Santiago del Nuevo Extremo. Tenía yo buen estado físico entonces, manos fuertes y brazos resistentes para colgar de las pisaderas y no soltar las manijas de hierro… Diez, quince paraderos transcurrían a veces, con frío invernal o calor tórrido, agarrado como simio a la palmera. Monótona odisea en la que consumía tres horas diarias de esta riqueza terrible y efímera que llamamos tiempo. En cinco décadas, llegaría a una cifra aproximada de cuarenta y ocho mil horas inútiles (improductivas, diría mi buen amigo Robinson, náufrago sólo en sentido orteguiano)… Bueno, al regreso podía conseguir un asiento en aquellas góndolas motorizadas y disfrutar de la lectura, lo que suelo hacer todavía en las más incómodas circunstancias. También recuerdo algunos títulos de libros entrañables leídos bajo los barquinazos intempestivos de aquellas destartaladas diligencias

 

En todo ese tiempo devenido–extenso para mí, fugaz para el Cosmos– ningún gobierno de esta menesterosa república ha logrado solucionar la grave cuestión del transporte público, aunque cabe admitir que hoy los vehículos son más amplios y cómodos que en aquellos días de nuestra perdida juventud, pero el drama cotidiano de millones de trabajadores y, sobre todo, trabajadoras, sigue siendo el mismo y las horas de viaje pueden llegar hasta cuatro o cinco en cada jornada, para quienes habitan en la periferia de la urbe.

 

Nuestra capacidad de aguante es formidable, superlativa, asombrosa. ¿Será por esa mezcla de los genes de conquistadores desarrapados con los del pueblo mapuche que aún resiste la inquina aniquiladora del mestizo chileno?

 

En el mes de septiembre, el ejercicio de la memoria individual y colectiva revive, mientras ondean las banderas, a través de esa rara entelequia que llamamos “opinión pública”, la profunda –y por ahora irremediable- fractura histórica de nuestra sociedad. Unos llaman a rememorar; muchos otros recomiendan silencio y olvido.

 

-¿Para qué seguir hurgando en las heridas del pasado? Para que la verdad traiga justicia y reparación moral… Pero han pasado cuarenta y seis años y dele con la cantilena; ya está bueno; demos vuelta la hoja… Pero aún hay crímenes impunes y seres desolados que quieren encontrar a sus muertos… -Sí, pero basta. También hubo muertos entre los militares. No se olvide que esto fue casi una guerra civil… (Esa guerra inexistente que se inventaron los fascistas criollos y sus mílites prevaricadores, fue un enfrentamiento desigual entre Goliat y David, solo que éste no tenía una honda pedrera y el resultado lo conocíamos de antemano).

 

A veces yo también quisiera olvidar, como un amnésico o irresponsable más, sobre todo mis deudas, o esos gruesos errores de la condición humana que los creyentes llaman “pecados”, pero éstas son tan porfiadas –según palabras que parecen resonar en mi subconsciente- como los derechistas de este lindo país con vista al mar, que se apoderan durante el mes de la patria de casi todos los medios de comunicación masiva, agrediéndonos con imágenes enojosas y canciones de sesgado contenido político, como los ñoños y decadentes Huasos Quincheros –por ejemplo-, o la Patty Maldonado, la Miriam, el Pollo Fuentes, Peter Rock, Luis Dimas, cantores de circunstancia que entretenían al Gran Canalla y a su familia de saqueadores de la Patria…

 

Parece que tienen razón estas voces –ahora remachadas por amigos y conocidos, de palabra y por mail– que me instan a la amnesia. ¡A mí, que le tengo pánico al Alzheimer!

 

Entro en el café para aventar los malos recuerdos con una taza del oloroso e incomparable brebaje (y pensar que los ingleses y los pobres de este país toman el abominable té, todo el día). Me topo con un viejo amigo hebreo (omito su nombre por temor a que sea objeto de discriminación –él, no yo, que soy gallego y universal-), exitoso comerciante que vive la contradicción de pedir que olvidemos los crímenes y trapacerías de Pinochet y su cohorte, pero que tengamos presente, siempre, la tragedia de su pueblo, el judío, en el siglo XX. Es curiosa la proclividad de numerosos judíos, incluso de quienes han tenido parientes directos en los campos de la muerte, hacia dictaduras criminales en Sudamérica (Melnick, el enfebrecido pinochetista, es un caso patente, casi grotesco).

 

Me pregunta mi amigo de la quipá, si he leído el último libro de Primo Levi, “Auschwitz”, novela-diario autobiográfica… (Como bien sabes, paciente y culto lector, Primo Levi fue un notable escritor italiano, de origen judío sefardí, autor de memorias, relatos, poemas y novelas, resistente antifascista, superviviente del Holocausto).

 

Vi el grueso volumen en una librería; me interesó, pero costaba dieciocho mil pesos, más de lo que gasto en la feria el fin de semana; también hay que comer, compañero… Si no lo puedes conseguir –me dijo- yo te lo presto; es notable, conciso, de impecable estética, estremecedor…

 

-Me gusta mucho Levi –le dije, respondiéndole como si la sana prudencia de los grillos hablase por mí: -Incluí un par de epígrafes suyos en mi última obra, pero, con todo respeto, ¿qué sentido tiene seguir recordando las atrocidades del Holocausto? Eso comenzó a ocurrir hace ochenta y seis años… ¿Por qué no damos vuelta esa hoja también, como propones hacerlo tú con el dictador que salvó tu faltriquera?

 

Mi amigo me miró, estupefacto… Antes de dar media vuelta y marcharse, me espetó: -Con razón me habían advertido que estabas medio gagá… (No alcancé a decirle que acababa de leer el Diario de Isaac Babel, testimonio de otro gran escritor hebreo acerca de los brutales procesos de Moscú, 1936-1938, y que podría facilitárselo).

 

Pero yo quería recordar hoy otra epopeya histórica, más cercana para los chilenos de ancestros hispánicos, la del Winnipeg, el “barco de la esperanza” que Pablo Neruda, junto a su incansable esposa, Delia del Carril, articularon en Trompelou, en agosto de 1939, para traer a Chile a dos mil trescientos republicanos españoles, salvados de las garras de Franco y de su gobierno de curia, milicia y explotadores financieros y terratenientes de horca y cuchillo, secundados por las dos potencias europeas del Eje, Italia y Alemania, mientras Francia e Inglaterra dejaban el campo abierto a la blitzkrieg de las hordas hitlerianas.

 

Camino al café, recuerdo que hoy es el día 3 de septiembre de 2019, y que se cumplen ochenta años del arribo del Winnipeg al puerto de Valparaíso, con su carga de obreros, artesanos e intelectuales señeros, entre los que recuerdo, a vuelo de pluma y aire de memoria:

 

Leopoldo Castedo, conocido historiador; Mauricio Amster, tipógrafo, dibujante y diseñador gráfico; Agnes América Winnipeg Alonso Bollada; Elena Gómez de la Serna; Isidro Corbinos, escritor y periodista deportivo; Víctor Pey Casado, ingeniero, profesor y empresario español nacionalizado chileno. En Chile, fue copropietario de una empresa de ingeniería, director del diario Clarín y consejero del presidente Salvador Allende. (Víctor Pey es el personaje central de la reciente novela de Isabel Allende, Largo pétalo de mar); Victorino Farga Cuesta, catalán, viajó a los doce años y se transformó en un destacado especialista en enfermedades broncopulmonares; los hermanos Juan, Manuel y Francisco Vallejo, voluntarios del Ejército Popular Republicano (EPR), miembros de la “C.N.T.” y de la “F.A.I.”, organizaciones sindicales anarquistas revolucionarias que constituyeron, en 1936, la mayor fuerza política activa de España; José Ortiz Zubia, vasco, republicano y comunista. Más tarde tuvo contacto con los presos de Isla Dawson, represaliados cruelmente por la dictadura militar-empresarial chilena (recordamos al Tote, el poeta Aristóteles España, torturado en aquella prisión isleña cuando tenía apenas diecisiete años); José Manuel Moreno González, escritor; Luis Fernández Turbica, afamado dramaturgo. Roser Bru, pintora; José Balmes, pintor. Este último recuerda así el gesto del poeta Pablo Neruda: Nunca jamás, ni siquiera al final de mi vida voy a hacer lo suficiente por agradecer el hecho de estar en este país y de ser ciudadano chileno, gracias justamente a Pablo Neruda. Como alguien dijo alguna vez ‘las deudas de amor no se terminan de pagar nunca’ y esta es una gran deuda que yo tengo con él todavía…

 

Estos inmigrantes forzados dejaron en Chile un legado que pervive hasta el día de hoy, la huella laboriosa de creadores agradecidos por la oportunidad de abandonar la patria asolada. (Mañana habrá un homenaje a ellos, en la Casa del Escritor. Leeremos poemas de Neruda, Alberti, Federico, Miguel Hernández, León Felipe, Marcos Ana… y otros).

 

En el baño del café me miré al espejo, mientras orinaba con cierta intermitencia. Me encontré viejo y algo estragado, ojeroso y con un halo vacuo en las pupilas.

 

Camino de la oficina me puse a recitar, en silencio, poemas en castellano y en gallego; los seis magistrales de Federico García Lorca y algunos de Rosalía y Curros… Comprobé que los recordaba con absoluta nitidez.

 

¡Graciñas a Deus! Aún no me falla la memoria…             

 



 

More about memory and oblivion

 

 

by Edmundo Moure (Chile)

 

September 4, 2019

 

"Remember, before it's too late"

(Chinese Council)

 

September 3, 2019 - 80 Years of Winnipeg

 

According to habit acquired for fifty-eight years, I leave my house at seven in the morning, to go to work. Crowded subway of busy passengers; then, prepare the assault to minibuses of the Transantiago, in Irarrázaval street, scarcer than an early smile. Tens, hundreds of people in the whereabouts, cetrine faces, with traces of ancestral fatalism, resigned to long daily waits, back and forth ... Ours is the town of infinite patience, combined with the fragile memory.

 

Ignoring repeated recommendations of wise compatriots and diligent friends who prescribe the numbing recipe of oblivion, I remember, I exercise the recurrent compulsion of memory. I started traveling by bus in March 1963 - fifty years ago - from the 27th stop of Gran Avenida to the center of our gray Santiago del Nuevo Extremo. I had good physical condition then, strong hands and sturdy arms to hang on the footsteps and not release the iron handles ... Ten, fifteen whereabouts sometimes passed, with winter cold or steamy heat, grabbed like the palm tree. Monotonous odyssey in which he consumed three hours a day of this terrible and ephemeral wealth that we call time. In five decades, it would reach an approximate figure of forty-eight thousand useless hours (unproductive, my good friend Robinson would say, shipwrecked only in the Orteguian sense) ... Well, on the way back I could get a seat in those motorized gondolas and enjoy reading, which I usually do in the most uncomfortable circumstances. I also remember some titles of endearing books read under the untimely barquinazos of those dilapidated errands

 

In all that time - extensive for me, fleeting for the Cosmos - no government of this needy republic has managed to solve the serious question of public transport, although it is possible to admit that today the vehicles are more spacious and comfortable than in those days of our loss youth, but the daily drama of millions of workers and, above all, workers, remains the same and travel hours can reach up to four or five in each day, for those who live in the periphery of the city.

 

Our endurance capacity is formidable, superlative, amazing. Is it because of that mixture of the genes of uprooted conquerors with those of the Mapuche people that still resists the iniquitous annihilation of the Chilean mestizo?

 

In the month of September, the exercise of individual and collective memory revives, while waving the flags, through that rare entelechy that we call "public opinion", the deep - and for now irremediable - historical fracture of our society. Some call to remember; Many others recommend silence and forgetfulness.

 

-Why continue digging through the wounds of the past? For the truth to bring justice and moral reparation ... But forty-six years have passed and the cantilena; it's already good; let's turn the page ... But there are still unpunished crimes and desolate beings who want to find their dead ... -Yes, but enough. There were also dead among the military. Do not forget that this was almost a civil war ... (That nonexistent war that the fascist Creoles and their prevailing missiles were invented, was an unequal confrontation between Goliath and David, only that he did not have a deep pedrera and the result we knew in advance ).

 

Sometimes I would also like to forget, as an amnesiac or more irresponsible, especially my debts, or those gross errors of the human condition that believers call "sins", but these are so stubborn - according to words that seem to resonate in my subconscious- like the right-wingers of this beautiful country with a view of the sea, who seize during the month of the homeland of almost all mass media, attacking us with angry images and songs of biased political content, such as the ñoños and decadent Huasos Quincheros - by example-, or the Patty Maldonado, Miriam, Pollo Fuentes, Peter Rock, Luis Dimas, circumstance singers who entertained the Grand Canalla and his family of homeland looters ...

 

It seems that these voices are right - now riveted by friends and acquaintances, in word and by mail - that urge me to amnesia. To me, I'm panicking Alzheimer!

 

I enter the cafe to fan the bad memories with a cup of the fragrant and incomparable concoction (and to think that the English and the poor of this country drink the abominable tea, all day). I met an old Hebrew friend (I omit his name for fear of being discriminated against - he, not me, who is Galician and universal -), a successful merchant who lives the contradiction of asking us to forget the crimes and trappings of Pinochet and his cohort, but let us always keep in mind the tragedy of his people, the Jew, in the twentieth century. It is curious the proclivity of numerous Jews, including those who have had direct relatives in the death camps, towards criminal dictatorships in South America (Melnick, the enfebrecido pinochetista, is a patent case, almost grotesque).

 

My friend of the quipá asks me, if I have read the last book by Primo Levi, “Auschwitz”, autobiographical novel-journal… (As you well know, patient and cult reader, Primo Levi was a notable Italian writer, of Sephardic Jewish origin, author of memoirs, stories, poems and novels, resistant antifascist, survivor of the Holocaust).

 

I saw the thick volume in a bookstore; I was interested, but it cost eighteen thousand pesos, more than what I spent at the fair over the weekend; You also have to eat, mate ... If you can't get it, he said, I'll lend it to you; It is remarkable, concise, impeccable aesthetic, shocking ...

 

"I really like Levi," I said, answering as if the healthy prudence of the crickets spoke for me: "I included a couple of his epigraphs in my last work, but, with all due respect, what is the point of continuing to remember the atrocities of the Holocaust ? That began to happen eighty-six years ago ... Why don't we turn that page too, as you propose to do it with the dictator who saved your faltriquera?

 

My friend looked at me, stunned ... Before turning and leaving, he snapped at me: -With good reason they had warned me that you were half a gaga ... (I couldn't tell him that I had just read the newspaper de Isaac Babel, Isaac Babel, testimony of another great Hebrew writer about the brutal processes of Moscow, 1936-1938, and that could facilitate it).

 

But I wanted to remember today another historical epic, closer to Chileans of Hispanic ancestors, that of Winnipeg, the “ship of hope” that Pablo Neruda, along with his tireless wife, Delia del Carril, articulated in Trompelou, in August 1939, to bring to Chile two thousand three hundred Spanish republicans, saved from the clutches of Franco and his government of curia, militia and financial operators and landowners of gallows and knives, seconded by the two European powers of the Axis, Italy and Germany, while France and England left the field open to the blitzkrieg of the Hitler hordes.

 

On the way to coffee, I remember that today is September 3, 2019, and that eighty years have elapsed since the arrival of Winnipeg at the port of Valparaíso, with its load of workers, artisans and master intellectuals, among which I remember, on the flight of pen and air memory:

 

Leopoldo Castedo, well-known historian; Mauricio Amster, typographer, cartoonist and graphic designer; Agnes América Winnipeg Alonso Bollada; Elena Gómez de la Serna; Isidro Corbinos, writer and sports journalist; Víctor Pey Casado, Chilean nationalized Spanish engineer, professor and entrepreneur. In Chile, he was co-owner of an engineering company, director of Clarín newspaper and advisor to President Salvador Allende. (Víctor Pey is the central character of Isabel Allende's recent novel, Largo Petal de Mar); Victorino Farga Cuesta, Catalan, traveled at age twelve and became a leading specialist in bronchopulmonary diseases; Brothers Juan, Manuel and Francisco Vallejo, volunteers of the Republican Popular Army (EPR), members of the “C.N.T.” and of the “F.A.I.”, revolutionary anarchist trade union organizations that constituted, in 1936, the greatest active political force in Spain; José Ortiz Zubia, Basque, Republican and Communist. Later he had contact with the prisoners of Isla Dawson, cruelly reprimanded by the Chilean military-business dictatorship (remember Tote, the poet Aristotle Spain, tortured in that island prison when he was just seventeen years old); José Manuel Moreno González, writer; Luis Fernández Turbica, famous playwright. Roser Bru, painter; José Balmes, painter. The latter recalls the gesture of the poet Pablo Neruda: Never, not even at the end of my life, will I do enough to thank the fact of being in this country and of being a Chilean citizen, thanks precisely to Pablo Neruda. As someone once said ‘love debts never end up being paid’ and this is a great debt that I still have with him…

 

These forced immigrants left in Chile a legacy that survives to this day, the laborious trace of creators grateful for the opportunity to leave the country homeless. (Tomorrow there will be a tribute to them, in the House of the Writer. We will read poems by Neruda, Alberti, Federico, Miguel Hernández, León Felipe, Marcos Ana ... and others).

 

In the coffee bathroom I looked in the mirror, while peeing with some intermittency. I found myself old and somewhat estranged, haggard and with a vacuous halo in the pupils.

 

On the way to the office I began to recite, in silence, poems in Spanish and Galician; the six magistrates of Federico García Lorca and some of Rosalía and Curros ... I saw that he remembered them with absolute clarity.

 

Thanks to Deus! I still have no memory ...

224102
HoyHoy102
TotalTotal224102